
Este fin de semana hemos atravesado los parajes manchegos de El Quixote. Asistimos, pues, a las bodas de Camacho, trasmutadas, eso sí, en las bodas de David y Pepa. Esta culminación de la heteronormatividad marca, desde la liminalidad de uno de los pocos ritos de paso que aún perduran en nuestra sociedad, el comienzo de un nuevo estatus. Desde aquí mi felicitación y mis mejores deseos para que sean capaces de construir una relación en igualdad y en diferencia que les ayude a crecer en libertad, en independencia y en felicidad. Porque ser cónyuge no es ser esclav@, sino un compartir y apoyarse mutuamente. Sí, acaso sea también un proyecto de vida común que fortalezca la identidad personal.
He escrito antes heteronormatividad, y lo he hecho conscientemente. Recupero así unas páginas de El Quixote que deslumbran por la clarividencia que imprimen en la construcción de una sociedad futura. En el capítulo XIV de la primera parte, los personajes que ocupan la narración se deslumbran ante la espontánea, maravillosa visión de la pastora Marcela. Aparece para defenderse de los ataques dialécticos de los pastores que critican que deniegue los requerimientos amorosos que impone la heterosexualidad obligatoria. Con una extraordinaria intervención, Marcela desafía los convencionalismos sociales legitimando una opción de vida basada en la libertad y en el amor voluntario.
Marcela es el pilar de nuestra sociedad futura, donde las diferencias de géneros no se conviertan en discriminación y segregación para aquellos que eligen libremente un camino para su vida. Si la sexualidad es condición indispensable e imprescindible para ser humano y persona en el ámbito social, la libertad debe serlo, por derecho propio, mucho más. Marcela desnaturaliza la heteronormatividad y rompe con su obligatoriedad. Su desafío es un grito profético de futuro.
En el árido paisaje castellano que tanto obsesionó a los noventayochistas, cabe el pastor Camacho; pero también la pastora Marcela. Dos opciones de vida... Dos formas lícitas de vivir socialmente la sexualidad.
¡Salve, David! Lleva contigo nuestros mejores deseos, ¡y que el viento siempre sople a tu espalda!
Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos.
Marcela

