28/12/09

Se acerca el momento CATHEDRAL


Acabo de recibir un email de Jorge Ruiz Morales, editor de la editorial Equipo Sirius, comunicándome que están dando los últimos retoques a mi novela CATHEDRAL y que, en breve, será llevada a la imprenta. Es posible que esté lista para finales de enero. Nos acercamos al final de una larga gestación que comenzó en el año 2003, cuando comencé a esbozar las primeras páginas. Necesité un año de trabajo para terminar la primera versión. Después vinieron las revisiones y las correcciones. Siete inviernos se han sucedido para alcanzar este momento.

Mucho ha cambiado mi vida desde entonces...

Ahora que se acerca el momento de la publicación, comenzaré a colgar en el blog que he creado para novela todo el material que tenía prepreparado. El enlace es el siguiente:


No perdáis detalle...


¿Cómo puedo saber lo que nos guarda el porvenir?
Pero es posible que estemos al final de un largo viaje.
La Nave, Tomás Salvador


16/12/09

Biblioteca digital: préstamo digital


Interesante la propuesta de la biblioteca TINET de Tarragona permitiendo el préstamo en línea de donaciones voluntarias. Como no podía ser de otra manera, he cedido mi poemario Hacia el dolor de los almendros para que pueda estar accesible.
Os invito a que echéis un vistazo a la página web y os animéis a colgar vuestros textos: http://www.tinetbiblioteca.org/
Sólo tenéis que registraros, rellenar unos campos de datos y subir el libro. La página está totalmente en catalán, pero ese posible impedimento es subsanable con un poco de intuición y un diccionario en línea.


Durante la Hégira, el noventa y ocho por
ciento de la población de la Hegemonía no
tenía razones para leer nada. Así que no se
molestaba en aprender. Hoy es peor. Hay más
de cien mil millones de seres humanos en la Red de
Mundos y menos del uno por ciento se molesta en pedir
copias fax de material inpreso, y mucho menos en leer un libro.

Hyperion, Dan Simmons

3/12/09

Esa falacia que llaman cultura



Los acontecimientos de los últimos días sobre la intención del Gobierno de introducir soterradamente el cierre de páginas web sin control judicial en la Ley de Economía Sostenible han demostrado que la legendaria pasividad de la sociedad española (virtual, en el caso que nos ocupa) tiene un límite. Gracias a la respuesta masiva de los internautas, el Presidente del Gobierno se ha visto obligado a mostrar su voluntad de retirar la polémica Ley y, de este modo, tranquilizar las iracundas hordas que ya preparaban sus armas en la web.

De alguna manera, este acontecimiento debe servirnos para reflexionar sobre la necesidad de acabar de una vez con este conformismo borreguil con el que contemplamos y validamos todo tipo de atropellos. Si se produjese semejante reacción ante los notables y constantes casos de corrupción política, de subidas indiscriminadas de impuestos, de impunidad para los delitos económicos, de leyes asombrosamente impopulares e injustas, de ferias circenses judiciales, de subyugación sindical, etc. es evidente que la inmunidad de los altos estamentos políticos y económicos se vería certeramente deteriorada. Acaso esta reacción sea el comienzo de una lucha por la justicia que, en la mirada pasiva de una población anestesiada, parece, cuando menos, anacrónica, temeraria y obsoleta.

Centrándome en el tema de la cultura, me veo obligado a recordar que la cultura no sólo abarca canciones, programas informáticos y libros. La cultura también es la manera de sentarnos, de usar un cubierto, de celebrar cualquier fiesta, de pasar nuestro tiempo de ocio, de regalar, de relacionarnos con nuestros familiares, etc. Es decir, por cultura entendemos , y sigo la definición clásica de Tylor (evitando entrar en la polémica que conlleva el término) el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres, y todo hábito y capacidad adquirido por el ser humano. Sería conveniente replantearse semejantes polémicas culturales relacionadas con los derechos de autoría a la luz de semejante definición, pues resulta evidente que el sistema capitalista (al igual que nuestra clase política) tiene una visión bastante restringida de la cultura (que viene a ser "cultura = discos de artistas (re-)conocidos"). Y no perdamos nunca de vista que el problema no es un problema de los derechos de los artistas, sino un problema económico. Creo que el Manifiesto recoge algo fundamental que, hasta el momento presente, nuestros representantes políticos han querido ignorar: la necesidad de que las industrias culturales (paradójica nomenclatura) busquen modelos alternativos y viables. Desde luego, la respuesta masiva a la nueva Ley significa, entre otras muchas cosas, que esa necesidad es cada vez más imperante.

Nadie duda de que l@s artistas tienen derecho a ser recompensad@s por sus obras. Pero el problema es mucho más complejo que eso, por no mencionar los desmesurados intereses económicos y políticos que en el bullicio de la polémica se desfiguran. La importancia del Manifiesto ya no reside en su contenido, sino en cómo ha sido capaz de despertar y de recoger el sentir de una sociedad lamentablemente ataráxica para toda movilización política.





1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.


2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.


3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.


4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.


5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.


6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.


7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.


8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.


9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.


10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.